PRESTIGIOSA HIPOCRESÍA
Número dieciocho,
Calle de la Alameda,
Donde la vida renace
El amor encuentra cuna
La memoria se renueva
El futuro es de colores
Y el presente de bandera.
Él sonríe cuando llegas,
Te recibe de manera
Que el mundo se te ilumina,
Sopla una brisa fresca,
Las pieles de erizo en celo,
Como de terciopelo;
Sexo exigente en descaro
Y el ano a su poder entregado,
Se acarician ambos sexos,
Las miradas humilladas,
Las lenguas entrelazadas
En pezones torturados de pasión
Gritando que necesitan dolor,
Mientras que el culo chorrea
Y se entrega como ofrenda de tu amor.
Número doce, poeta maldito,
Golondrinas que chillando las mentiras
Proferidas por los hombres,
Sobrevuelan sobre vidas devastadas
Por disfraces que asesinan...
Sangran los corazones
Haciendo la oscuridad
Donde todo era color, con amor.
Cae el sol sobre la inerte plaza,
Caen las lágrimas de horror
Viendo consumir la vida
En estéril disimulo y soñando
¡Como no! Con la felicidad perdida,
La que se pasó una vida buscando
La que cuando se encontró
Solo se acertó a decir:
La felicidad es cambiante
La seguridad por delante,
Cosas de críos que piensan en el amor.
Pasan y pasan años
Envejeciendo los dos,
Cada uno a su manera,
Cada uno a su dolor,
Y cuando cruzan sus vidas
Por segundos, con amor,
Se comen con la mirada
Se rozan y con pudor
Al oído se susurran:
Nos hemos querido siempre
No dimos cancha al amor.
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