LA MUERTE, EL CONSUELO
Todo fue una ensoñación.
Tu ya te fuiste, abducido
De la gente que te llevó
Sordo a mi súplica hiriente
Queriendo ser yo el que fuera
Llevado hasta las mil muertes,
Sabiendote a salvo en la vida
Y feliz viendo cómo era bueno
Aquello que te decía
Mi vida no vale lo que la tuya
Tu vida vale mis mil muertes
En cada muerte, tu vida crece
En cada adiós, mi muerte llega
Se acerca cada vez que otro usa tu ducha
Arruga tus sábanas y empapa toallas
Cada vez que llego a tí y estás ausente
Que te entrego mi dolor y me sonríes
Esa muerte lenta sin riesgo
Muerte de desidia, triste y sin honor.
Vi como te alejabas de otro hombro
Y la parca tocó el mío con un roce
Toqué el filo de su daye y verti sangre
Fría, aguada y negra, sin vida
Te la llevaste enganchada en tu boca
En tu espalda, en tu polla y tú culo
Muy ardiente, encendida, entregada
Y la llevaste para regalarla
Para que yo muriera mil veces
Para que tu vida valiera mil vidas
Y yo, feliz, sonreí a la muerte, la bese
Unos labios fríos, como los tuyos últimos
Pensé que mi felicidad era excesiva
Que tú fuiste excesivo en entrega
Y que envolverme en el ropón de la muerte
Era un consuelo.
La muerte es siempre el consuelo.
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