EL VELO DEL TEMPLO

 

Ni en mi peor sueño
O la pesadilla más ingrata
Pude vislumbrar ese feeling
¡Era un hombre!

¿Que explotó en mi alma?
Como se retorció mi deseo
¡Un hombre! Y me cautivó.
Siempre he dicho, soberbio:
¡Yo no!
¿Como sucedió?

Podría ser aquel relámpago azul,
Temporal de poniente vivo,
Inagotable, inasequible
Rompiendo amarras de mi noray.
La caricia eterna de su sonrisa,
El aroma a confianza y amaneceres,
Ese color café cortado en su piel
Y su resolución calmada al venir.
¿Que fue?

Todo fue. Cayeron mis torreones,
Derribaron los lienzos de mi muralla
Y todo su ejército, él solo, solo,
Tomó posesión de la fortaleza.
Paralizado, sin lucha o protesta
Me acurrucó en su pecho
Tuve que llorar, no sé aún de qué;
Rabia por querer. ¡Si! querer,
Consuelo infinito de un alma quebrada
O el duelo por lo que dejaba.
Se rasgó el velo del Templo de lo correcto
Y apareció el brillo del sol,
Olvidé el pasado y mi lucha
Me entregué sin excusas y resucité.
Agarré con fuerza su mano
Mientras escuchaba lágrimas y gritos
Sin mirar atrás encaré con él mi amanecer.

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